Las autoridades ecuatorianas han detectado que las bandas criminales en Guayaquil han refinado sus tácticas delictivas, incorporando tecnología avanzada y suplantación de identidad policial. Un informe de la Policía Nacional indica que estas organizaciones han llegado a invertir hasta 15,000 dólares en equipos de vigilancia falsos, los cuales les permiten monitorear operativos policiales e identificar posibles objetivos.
Además, los delincuentes han conseguido uniformes policiales falsificados, los cuales son producidos en talleres clandestinos ubicados en Quito. Durante una serie de allanamientos realizados en 2024, se determinó que cada uniforme tenía un costo de aproximadamente 200 dólares en el mercado negro, lo que facilita su adquisición por parte de las organizaciones criminales.
La Interpol ha advertido sobre un aumento de este modus operandi en al menos cinco países de América Latina, señalando que Ecuador es uno de los puntos críticos. En el país, se ha identificado que alrededor del 40% de las extorsiones actuales incluyen el uso de drones, lo que permite a los delincuentes obtener información detallada sobre sus víctimas sin exponerse físicamente.
Ante esta situación, expertos en seguridad de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) han recomendado la implementación de protocolos biométricos que permitan identificar de manera confiable a los agentes de seguridad auténticos. Se espera que esta medida entre en vigor en 2026 con la asistencia de tecnología israelí, reforzando así la lucha contra la delincuencia organizada en el país.